La educación sexual no solo es hablar del cuerpo o anatomía, también es aprender a conectar con nuestro placer desde la imaginación, la creatividad y la sensibilidad. Por eso, decidimos compartir contigo un relato erótico creado por Sam, quien a través de sus palabras busca despertar el deseo desde un lugar auténtico, consciente y libre.
Imaginar, crear y escribir relatos eróticos nace del deseo de fantasear en una dimensión más amplia y absorbente que un estímulo visual representado por imágenes. Se construyen y basan en la memoria de los cuerpos que han experimentado placer de infinitas maneras y de los cuales surge la necesidad de trascender en el camino del descubrimiento sexual.
El propósito de estos relatos es avivar el deseo de forma creativa y apasionada, que permita a cada persona lectora fundirse en los versos, recordando el sentir placentero y abriendo camino para conectar con partes inexploradas del propio erotismo.
Tan acostumbradxs estamos al contenido visual erótico, que nos moldea y empuja a vivir experiencias que con el paso del tiempo limitan el goce genuino y auténtico, haciéndonos creer que lo reflejado en el porno es lo ideal, cuando la verdad es que no podría estar más alejado de la realidad.
Sabía lo que me gustaba
No había pasado tanto tiempo desde la última vez que había besado a alguien, sin embargo, las ganas me eran más que suficientes. Sentía como mi cuerpo me pedía a gritos que por favor le diera a probar algo nuevo, que experimentara un poco más de eso que tanto anhelaba.
Había estado pensando en él. Me era muy fácil hacerlo. Dejó impregnada su esencia en mí. Recordar sus manos, sus besos y su lengua me excitaba. Me era casi imposible de olvidar. Anhelaba tanto volverlo a sentir, que cada noche trataba de vagar en los recuerdos para mantenerlos presentes.
La última vez que lo había visto fueron dos semanas antes, me sentía desesperada. Sabía que no lo quería volver a ver, pero aún así, lo quería tener. Quería que fuera mío. Era tanta la atracción sexual que no lo podía evitar, el sonido de su voz me hacía escalar entre montañas eróticas llenas de placer que jamás me hubiera atrevido a explorar.
«¿Nos vemos más noche?» – 17:33 pm
Me llegó su mensaje, sentí un cosquilleo desde la planta de mis pies hasta la nuca. «Pasa por mí» le dije. Pasé toda la tarde esperando a que fueran las 20:00 pm para que me recogiera, los nervios no me dejaban en paz. Llegó, como siempre con su mirada que me devoraba de pies a cabeza. Sabía que eso me excitaba. Quería correr a sus labios y que nuestros cuerpos se volvieran uno mismo. Era tanta la atracción y el deseo, que con vernos a los ojos ambos sabíamos lo que queríamos. Él me conocía perfecto, sabía lo que disfrutaba y lo que no, sabía cómo excitarme sin siquiera poner un dedo en mí.
El vivía solo así que las veces que nos veíamos llegábamos a su departamento, el cual quedaba a siete minutos de mi casa. Me encantaba el olor del lugar, era una mezcla frutos rojos inolvidable. Me ofreció un trago, accedí a que me preparara un Gin y nos sentamos en la sala. Solíamos platicar por un rato, a veces dejando que algunos silencios nos carcomieran la mente y nos aumentaran las ganas de probarnos. Una vez más.
«Ven, acércate» –Dice. Me senté de frente a él, sobre sus piernas y lo empecé a besar. Sus labios carnosos se sentían frescos, sus manos empezaron a recorrer mi cadera, mi cintura, hasta llegar a la nuca. Pasó sus manos a mi cutis y después las fue bajando por el cuello hasta llegar a mi pecho.
Me sentía húmeda.
Él sabía que mi pecho y mis pezones eran una de las zonas erógenas que más disfrutaba. Duramos unos segundos en esa posición, después me abrazó de la cintura, me volteó y él quedó sobre mi. Desabrochó mi falda y me la quitó junto con mi ropa interior. Sentí su mano rozar mi vulva, al mismo tiempo me besaba el abdomen, sentía su lengua cada vez más cerca.
Empezó a tocar suavemente mi clítoris en forma de círculos, bajó sus labios y rozaron con los míos. Comenzó a comerme toda, sentía el movimiento de su lengua recorrer toda mi vulva, al mismo tiempo que dos dedos me penetraban. Era una montaña rusa de sensaciones, estaba experimentando bastante a la vez. Mi espalda se arqueaba y mis piernas temblaban; mi voz pidiéndole que por favor continuara. Lo deseaba tanto, estaba tan cerca. Sacó sus dedos y los posó sobre mi clítoris, ahora con un movimiento más intenso pero a la vez más placentero. Me hacía ir y venir, jugaba conmigo. De momentos estaba cerca de llegar al orgasmo y él lo sabía, paraba y me hacía que le pidiera más. «Sigue así, por favor» – le supliqué entre suspiros. Agarró fuerte mis caderas y con su lengua siguió estimulando mi clítoris. Poco a poco fui sintiendo un hormigueo desde la parte baja de mi espalda hasta mi pecho. Se me cerraron los ojos y perdí el control.
Llegué.